Historia del Imperio Otomano (1299-1923) Parte II

continuación

3.- EL IMPERIO OTOMANO TRAS LA TOMA DE CONSTANTINOPLA.

El periodo de Bezayid II (1481-1512) fue de tranquilidad para el imperio, resolviendo los problemas internos que heredó del periodo anterior. Suspendió la política agrícola, reorganizó el sistema fiscal y quitó los altos cargos del sistema de desvshirme, para crear un equilibrio con los militares turcos. Se adhirió al Islam ortodoxo, evitando las tendencias chiitas y las influencias europeas. Aún así, acogió a los judíos expulsados de España y de otros países de Europa. Una revuelta de los jenízaros le obligó a ceder el trono a su hijo Selim I (1512-20). Selim, de creencias sunnitas, fue al este a luchar contra los chiítas de Irán, y aniquiló a muchos chiítas de Asia Menor. Luego luchó contra los mamelucos y conquistó Siria y Egipto, luego Arabia y Argelia.
Solimán II, el magnífico (1520-66) consolidó la situación de paz en los territorios conquistados por su padre y logró la extensión máxima del imperio que durará hasta 1683. También realizó una importante labor legislativa, concedió importancia a las artes y embelleció Estambul. Tras Solimán, llega la decadencia del Imperio Otomano. Le sucedió Selim II (1566-74), que en su breve reinado sufrió la derrota de Lepanto (1571). Su hijo Murad III (1574-1595) y los descendientes que le siguen, estuvieron más preocupados por los asuntos del harem que por los del estado, y es el Gran visir quien toma las riendas. En el ejército aumentan las disputas entre los jenízaros y el cuerpo de caballería. Los historiadores otomanos llaman a esa época el «Sultanato de las mujeres», al que sigue el del «Sultanato de los Agas», el tiempo durante el cual el cuerpo de los jenízaros empezó a intervenir directamente en la política. De esta manera, los sultanes comenzaron a ser mascotas de la política y de los jefes militares. Lo poco que podían hacer los sultanes para tratar de extender su poder era enfrentar entre sí a las diferentes facciones para debilitar la figura del gran visir.

4.- EL FINAL DEL IMPERIO OTOMANO.

Tras siglos de decadencia y descomposición, y de derrotas frente a los europeos, cuando Selim III (1789-1807) subió al trono, el Imperio todavía comprendía toda la península de los Balcanes al sur del Danubio, toda Anatolia y el mundo árabe desde Iraq hasta el norte de África. La era de reformas del siglo XIX se puede dividir en tres fases diferentes:

A) un periodo de transición y preparación (1789-1826);
B) un periodo de acción intensiva (1826-1876);
C) un periodo de culminación, desde 1876 hasta la primera guerra mundial.

El primer periodo fue inspirado y dirigido por dos sultanes reformadores, Selim III y Mahmud II (1808-1839), que no pudieron llevar a cabo su tarea por las amenzas exteriores. Francia se transformó en nación enemiga cuando Napoleón Bonaparte invadió Egipto y Siria en 1798. Sólo cuando los franceses fueron arrojados de Egipto en 1802 pudieron ser restablecidas las relaciones normales entre ambos Estados. Rusia y Austria constituían una amenaza constante en los Balcanes, y como resultado de su intervención surgieron revueltas nacionales contra el sultán en Serbia, en 1804, y en Grecia, en 1821, que temporalmente supusieron la autonomía e independencia de ambas. Otro de sus problemas era la fuerza que habían tomado los jenízaros, que podían impedir las acciones del sultán, pero no eran capaces de detener a los enemigos. Por ello, Mahmud II decidió eliminarlos y crear un ejército nuevo. Ante la revuelta esperada de los jenízaros, el nuevo ejército respondió con un bombardeo en Estambul y otras ciudades. Las potencias extranjeras se aprovecharon de la debilidad del Imperio otomano en estos momentos y se tuvo que conceder la autonomía a Serbia, Moldavia y Valaquia y la independencia de Grecia. Y desde Egipto lanzaron una ofensiva por Siria hasta el sur de Anatolia. El sultán no tuvo más remedio que ponerse bajo la protección rusa para seguir adelante.


En el gobierno de los dos hijos de Mahmud II, y en él se pudieron hacer una serie de reformas beneficiosas, imitando el estilo europeo. Las reformas fueron tan costosas que se tuvo que decretar la suspensión de apgos y la deuda externa.
Tras los hijos de Mahmud, subió al trono Abdul Hamid II (1876-1909), que aceptó las condiciones que le imponían, entre ellas crear una constitución de monarquía parlamentaria, en la que incluyó cláusulas que le permitían disolver el parlamento, declarar estado de sitio y desterrar a personas que actuaran contra el Estado.
Se creó un partido llamado Jóvenes Turcos, que fue suprimido por el sultán, pero tuvo que permitir este partido. En 1909 los Jóvenes Turcos le quitaron del poder mediante un golpe de Estado. Intentaron una serie de reformas: sufragio universal, servicio militar masculino obligatorio, educación popular, etc. Pero la llegada de la Gran Guerra (1914-1919) les impidió desarrollarlas. El primer Presidente de la República de Turquía, Kemal Atatürk, abolió el sultanato en 1922, dentro de su proceso de reformas y modernización y declaró la renuncia a la idea imperial, lo que constituyó de hecho el fin del Imperio otomano.

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Historia del Imperio Otomano (1299–1923) Parte I

He tardado un poco más de lo habitual en actualizar, pero ya he preparado un artículo en varias entregas. Vamos a ocuparnos de nuestros vecinos orientales: los turcos. En concreto con una de las dinastías más largas  de su Historia y con una gran influencia en el desarrollo de la Historia de Europa, especialmente la del sureste. Vemos una breve introducción.

El Imperio otomano (1299-1923), también conocido como Imperio turco otomano, fue un Estado multiétnico y multiconfesional. Su máximo esplendor se da en los siglos XVI y XVII, extendiéndose por una amplia parte del Sudeste Europeo, el Medio Oriente y el norte de África, limitando al oeste con Marruecos, al este con el Mar Caspio y al sur con Sudán, Eritrea, Somalia y Arabia. El Imperio otomano poseía 29 provincias, y Moldavia, Transilvania y Valaquia eran Estados vasallos.
Por ello, el imperio otomano se puede considerar el sucesor islámico de los antiguos imperios clásicos y su especial posicionamiento entre Europa y Oriente determinó sus relaciones internacionales y muchos de sus rasgos culturales.

1.- ORIGEN.

Su origen se encuentra en las estepas de Asia Central, en Turkestán. Esta etnia se dedicaba a la ganadería (sobre todo de caballos) y al comercio, siendo casi nómadas. Su entrada en la región que más tarde dominarían, la vemos en la época Abbasí, incorporándose a las filas del ejército y en la administración.
Cuando los turcos otomanos, al servicio aún de los selyúcidas, luchan contra los bizantinos en la batalla de Mantziquert en el año 1071, comienza la ocupación de la península de Anatolia. Así, los selyúcidas crean un sultanato que abarca también Irak e Irán, que se desmembrará tras el ataque mongol en 1243. Así, la mayor parte de los territorios pasan a los mongoles, aunque sobreviven pequeñas regiones autónomas, entre ellas, el sultanato de Rüm (en Anatolia) con capital en la ciudad de Konya. De estos estados surge Utmán I (también conocido como Osmán I) que será el que dará nombre a la dinastía otomana. Con Utmán I comienza la expansión de lo que será el imperio turco.

2.- EL AUGE DEL IMPERIO.

El sucesor de Utmán I, Orhán I (1324-1360), logró las ciudades de Nicea (1331) y Bursan, estableciendo en esta última la capital y formando así un verdadero Estado. Pocos años después, hacia 1338, ya habían expulsado a los bizantinos de la península de Anatolia y habían comenzado a extenderse hacia el este y el sur, ocupando territorios de otros principados turcos. En 1354 tomaron Gallipoli, en la parte europea del Estrecho de dardanelos, que les permitirá después expandirse hacia Europa. En 1361 tomaron Adrianápolis (Edirne), más al oeste, que convirtieron en su nueva capital.
Murad I (1360-1389) comienza la expansión por Europa, que combinó con una política de pactos con la Iglesia Ortodoxa, nombró al primer Visir (de la familia Candarli que monopoliza el cargo durante todo el siglo) y fue el primero en tener el título de Sultán –pues sus predecesores gobernaban con el título de emires-. También fue el creador del cuerpo de los jenízaros, tan importante para el posterior desarrollo del imperio. Aunque en este periodo el Papa proclama la bula de la I Cruzada (1366) esta no tuvo éxito, y el sultán decidió mantener el trato preferente con los dimníes (o gentes del libro) por el que se les respeta el derecho a la vida, a sus propiedades y a su religión, a cambio del pago de un tributo. Además estamos eximidos del servicio militar. Por ello, no realizó una política que fomentase la conversión religiosa.

2.1.-Enfrentamiento con el reino de Hungría

Dado que el reino mongol estaba en expansión bajo el mandato de Tamerlán, los otomanos presionaron hacia el oeste. Tuvieron enfrentamientos con Hungría y Valaquia. No fue hasta el ascenso de Segismundo como rey de Hungría, cuando se formó una coalición contra los turcos. La victoria de los turcos en la batalla de Kosovo de 1389, dejó a Hungría como único oponente en el sudeste europeo, tomando los territorios de los Balcanes. En esta batalla murió Murad I y le sucedió su hijo, Bezayid I (1389-1403), quien mató a todos sus hermanos para ahorrarse problemas dinásticos.
Bezayid I conquistó los territorios más occidentales de Asia Menor (1390 ) y Grecia (1397) y mantuvo el enfrentamiento con Segismundo de Hungría. Para este fin creó Segismundo la Orden del Dragón (1408), a la cual perteneció Vlad II Dracul, padre del sanguinario Vlad III – personaje que inspiró el Drácula de Bram Stoker-.

En el avance otomano, llegaron en 1427 al sudoeste de Hungría, atacando la fortaleza de Galambóc, junto al Danubio. Los húngaros por tener a un joven rey en su trono, debieron confiar en un noble Juan Hunyadi, que les concedió la victoria en Belgrado en 1456, la primera para los cristianos. El siguiente rey coronado, Matías Corvino, contuvo a los turcos en varias ocasiones, y dirigió su política expansionista hacia el Imperio Germánico. De esta forma, a su muerte, los turcos hicieron una nueva embestida y tomaron Belgrado en 1521, avanzando paulatinamente hasta hacerse con la capital húngara, Buda, en 1541.

2.2.- Hasta la toma de Constantinopla

De nuevo en el este, se encontraron con un enemigo muy poderoso: Tamerlán, rey mongol. En 1402 perdieron la batalla de Ankara, y asumieron el papel de Estado vasallo de los mongoles y al año siguiente muere Bezayid, tras las luchas fraticidas, se alza con el poder Mehmed I (1413-1420).
Mehmed I y su sucesor, Murad II (1421-51), darán de nuevo unidad al Imperio. Mehmed pacta con Venecia para potenciar el comercio con occidente y convierte a los jenízaros en su guardia personal. Murad II hizo el primer sitio de Constantinopla (1422) e inventó el sistema de devshirme, por el cual captaba a los mejores jóvenes de los Balcanes para convertirlos al islam y que prestaran servicio vitalicio al imperio.
Su hijo, Mehmed II, el conquistador (1451-1481) tomó tras ocho semanas de asedio la ciudad de (Constantinopla (1453), que supondrá la desaparición del Imperio Romano de Oriente (bizantinos) y la consolidación del Imperio Otomano. El Imperio Otomano trasladó su capital a esta ciudad, que la llamó Estambul.
Se consolidan Bosnia y Serbia como provincias otomanas y Albania queda integrada al imperio. Los venecianos reconocen la autoridad otomana y comienzan a pagar un tributo.


Para la consolidación del imperio se decide el principio de indivisibilidad del territorio, de manera que pase a un único heredero, y para evitar las disputas internas se consolida el hábito de ejecutar a todos los hermanos del heredero, elegido por el padre. En cambio, la gestión económica no fue buena ya que la subida de impuestos y la inflación, llevaron al descontento popular que provocó una guerra civil.

…Continuará…

¿Quién fue Enrique VIII?

English version.

Para empezar, diremos que Enrique VIII fue rey de Inglaterra, concretamente desde 1509 hasta 1547, año en que murió. Fue hijo de Enrique VII (1457-1509) fundador de la dinastía Tudor, al poner fin a la Guerra de las dos Rosas.  Enrique VIII, no era el primogénito, así que heredó el trono tras la muerte de su hermano Arturo.

Lo más conocido de Enrique VIII fue que estuvo casado con seis mujeres, concubinas aparte, pero además pasó a la historia por otros hechos destacables como: ejercer una monarquía absolutista en su país y romper con la Iglesia católica para fundar una nueva doctrina religiosa, el anglicanismo.

1.- Sus mujeres.

Para entender algunos aspectos de su política debemos entender primero su vida personal, pues estuvo muy ligada a la evolución de la nación.

1.- CATALINA DE ARAGÓN. Era hija de los reyes católicos, y se casó primero con Arturo, el hermano mayor de Enrique. Enrique y Catalina tuvieron una niña, María, pero ninguno de los hijos varones sobrevivió. Esto enfadó mucho a Enrique y solicitó al Papa la anulación matrimonial. Esto le sirvió de pretexto ante su objetivo de casarse con Ana Bolena. Como no consiguió la bula papal, se separó de la iglesia y obtuvo el divorcio a través del parlamento inglés.

2.- ANA BOLENA. Su papel fue determinante en la creación de la nueva doctrina, ya que ella creía en ciertas ideas protestantes. Se casó con Enrique y tuvieron como descendencia otra niña, Isabel, pero luego no pudo tener más niños. Por ello, Enrique la acusó de adulterio y otros cargos para deshacerse de ella, siendo decapitada. Así quedó libre para el tercer matrimonio.

3.- JUANA SEYMOUR. Al igual que Ana, era dama de compañía de la anterior esposa de Enrique. Ésta logró darle un descendiente varón, Eduardo VI, pero ella murió de fiebres a los seis días del parto.

4.- ANA DE CLEVES. Su cuarta esposa duró apenas seis meses. Para su separación alegó que el matrimonio no se había consumado, y la declaró “hermana del rey”, quedando durante toda su vida como amiga de la familia real.

5.- CATALINA HOWARD. Duró dos años de matrimonio, declararon la nulidad y la dacapitaron, como a su prima, Ana Bolena. Está visto que era arriesgado formar parte de la realeza en Inglaterra, sobre todo, si eras mujer.

6.- CATALINA PARR. Este hombre sufría debilidad por las “catalinas”, así que se hizo con la tercera. Parece que con ella encontró la horma de su zapato, ya que ésta se había casado ya dos veces, Enrique era su tercer esposo, y aún le quedó por conocer un cuarto. El cuarto fue Thomas Seymour, tío de Eduardo VI (hijastro de Catalina, no sé si me seguís).

2.- Sus acciones.

En el ámbito político logró aumentar el poder real (en detrimento del eclasiástico) al tiempo que fortalecer el Parlamento como institución, tanto de consulta del rey como de representación de los ciudadanos del rey. A través de complicados y contradictorios pactos con Francia (con Francisco I) y España (con Carlos I de Austria), logró cierta trascendencia a nivel europeo y este hecho se reforzó por la creación de una magnífica flota de guerra. Realizó algunas campañas en Escocia, pero no le sirvieron para unificar Gran Bretaña.

En el ámbito socio-cultural podemos decir que Enrique VIII fue un gran mecenas. De hecho, Hans Holbein el joven, pintó numerosos retratos suyos y de su corte. Estuvo atraido por la música, la lectura, el teatro y por ello, mantuvo una gran amistad con el humanista Thomas Moro, hasta que decidió decapitarle por ser más fiel al Papa que a su nueva iglesia.

En cuanto a la religión, ya hemos dicho, que fue trascendental el proceso de nulidad de su matrimonio con Catalina de Aragón, a través del cardenal Wolsey, que era su canciller (equivalente a primer ministro). El hecho de que Carlos I de España, fuese sobrino de Catalina y estuviera en contra de esa nulidad, hizo al papado declinar la petición. Así, con su poder de monarca absoluto, decidió romper las relaciones con Roma, y declarar que a partir de ese momento, no se reconocería la autoridad del Papa en Inglaterra. A partir de ese momento, la máxima autoridad, real y eclesiástica, era el rey de Inglaterra, como representante de Dios en la Tierra. A partir de aquí, fueron sumando las reformas que creyeron convenientes para hacer una religión “a la carta”. Tomaron muchas ideas de los calvinistas -que ya habían logrado su revolución en el norte de Europa-.

3.- Su legado.

Como hemos visto, Enrique VIII tuvo tres hijos (un niño y dos niñas) y todos pudieron gozar del trono de su padre, cada uno a su debido tiempo. Por supuesto, el primero en gozarlo fue Eduardo VI (1547-53) a pesar de contar con sólo 9 años. A su muerte subió al trono su esposa Juana, aunque sólo por nueve días, porque el pueblo prefería  a su hermanastra María I Tudor, tal y como había dispuesto Enrique VIII.

María I (hija de Catalina de Aragon) entre 1553-1558, intentó revocar todas las medidas religiosas de su padre pues ella , era fervientemente católica. Su muerte dio al traste con sus esfuerzos porque su hermanastra Isabel I, restableció el anglicanismo y se erigió cabeza de la Iglesia Anglicana. Por su negación a casarse y tener hijos, Isabel I fue la última de los Tudor.