Dos de Mayo de 1808: Un día de Cólera

El título del último libro de Arturo Pérez Reverte no podía ser más revelador: Un día de Cólera. Así fue y así lo cuenta a lo largo de 394 páginas. El tema está claro; el alzamiento del pueblo español (no los militares) contra los excesos de la ocupación francesa en Madrid. El momento es más que oportuno, ya que se cumple este año el segundo centenario de tal acontecimiento. El enfoque es bastante historicista, hasta el punto en que se dice que en la obra aparecen más de quinientos personajes reales con nombres y apellidos. Doy fe. No los he contado, pero si no son quinientos serán seiscientos …o mil.

Este es a la par, el mayor atractivo y el mayor inconveniente que presenta el libro. Por un lado, porque el aporte de datos es tan inmenso que consta al lector más despistado que este escritor se ha documentado bien. Vamos, que se ha leído todo lo leible en bibliotecas, archivos y demás. Por otro lado, la relación, aveces extensa de los muertos o heridos con cómo, dónde y cuándo incluidos, hay veces que hay que leerlos, como diría un antiguo profesor mío, “en diagonal” para acabar antes. Yo lo he hecho en ocasiones, lo reconozco. De hecho, es probable que este libro no hubiera sido posible que fuera escrito por otra persona. Pérez Reverte, tiene ese don mágico de convertir en ameno el dato histórico más tedioso. Gracias a su hábil pluma el lector puede disfrutar de un libro con tantos personajes, ambientes y que transcurre en sólo un día. Sin embargo, las aventuras de Daoiz y Velarde el parque de Monteleón y las azañas del patriota Molina para ayudar a su rey, así como los momentos de frustración del francés Murat y sus secuaces mantienen cierto hilo conductor que engancha.

El mayor inconveniente es que, una vez desaparecen estos personjes, tenemos lo que, a mi modo de ver, es un “epílogo” demasiado largo (cerca de dos capítulos con un total de más de 100 páginas). En esa parte de la obra, el lector tiene más ganas de acabarlo, por completar la faena y por ver si describe de una vez los fusilamientos del 3 de mayo en el Monte Pío, que real interés y gancho con la historia.

Es decir, creo que le han sobrado datos, y que no era necesario que nos contara todas y cada una de las historias que se conocen de ese día. Pero a veces, los investigadores pecamos de eso, y cuando conocemos un dato, necesitamos compartirlo con el mundo.

En cualquier caso, es un libro recomendable, especialmente para aquellos que disfruten con las tácticas militares, tengan un sentimiento hacia nuestros vecinos similar a los madrileños de la época o gusten de la literatura de buena pluma, con un vocabulario exquisito y preciso y un impresionante tranajo de “pre-escritura”. Ahora sólo falta ver cuál es el próximo centenario de acontecimiento militar en el que la editorial Alfaguara haya pensado en este escritor, sin duda, su mejor baza.

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La Casa de Bernarda Alba

– Drama de mujeres de los pueblos de España-

de Federico García Lorca

Trama y estructura:
Esta obra de Federico García Lorca es la obra más representativa del teatro español del siglo XX. Trata de Bernarda Alba que queda a solas con sus cinco hijas tras la muerte de su marido. La mayor de las hijas, fruto de un matrimonio anterior, es la única adinerada, por lo que Pepe el Romano la corteja y decide casarse con ella con el permiso de Bernarda. Varias de las hermanas están enamoradas de Pepe y la menor de ellas, Adela, mantiene relaciones con él. Al enterarse, Bernarda intenta reprimir a Adela y estalla la lucha entre el ansia de libertad, goce y alegría de la joven Adela con la autoridad, el poder y la rigidez de Bernarda. El enfrentamiento se da entre la ley individual y anárquica, encarnada en la sexualidad de Adela y la ley social, autoritaria de Bernarda que necesita reprimir dicha libertad. No son las únicas que entran en la lucha. Angustias sujeta a Adela diciendo: “De aquí no sales con tu cuerpo en triunfo” y acierta, ya que Adela no logrará salir de la casa. Martirio, tras haber mentido a Adela, confiesa al verla muerta: “Dichosa ella mil veces que lo pudo tener”.

La casa:

La casa es protagonista de la obra, no sólo por ser el único espacio escénico en el que se representa, sino por su papel simbólico. Es un lugar cuya función es aislar y encarcelar a quienes se encuentran en su interior. Se refieren a ella como presidio (sensación de enclaustramiento), infierno (por la ira y necesidad de salida) y convento (por ser un espacio cerrado sólo para mujeres con la prohibición de actos sexuales).
Bernarda:
Representa las convenciones morales y sociales unidas a la conciencia de pertenecer a una clase superior, un verdadero orgullo de su casta. Su bastó, simboliza su poder y su nombre es de origen germánico y significa “oso fuerte”. Su apellido también es simbólico ya que proviene del latín y quiere decir “blanca” (pureza que Bernarda busca en su hogar).

La Poncia:
Es la vieja criada de Bernarda, que es casi de la familia y se atreve a dar consejos, opinar y tutear a Bernarda. Sin embargo, de vez en cuando se recuerda la distancia que le separa de Bernarda: “Me sirves y te pago. ¡Nada más!”. Ella asume su condición “Soy perra sumisa”, pero está llena de rencor hacia Bernarda, como queda patente desde el primer acto. Con las hijas habla de forma abierta y desenfadada y muestra su sabiduría rústica y popular.
Las hijas de Bernarda:

Angustias: la mayor (39 años), heredera de una fortuna y escasa de otros encantos. Su matrimonio le vale como escape de la casa “Afortunadamente, pronto saldré de este infierno”, pero no tiene la ilusión de Adela o incluso Martirio.

Magdalena mezcla sumisión y margas protestas, hubiera preferido ser un hombre.

Amelia es el personaje más desdibujado, quizá por ser la más tímida y , medrosa.

Martirio no pudo casarse por la oposición de su madre, lo que puede explicar su resentimiento, pues por un lado dice “Es preferible no ver a un hombre nunca” y por otro lado esconde el retrato de Pepe el Romano.

Adela es vital y apasionada y valiente para asumir su “corona de espinas”.
Espacio y tiempo:

La obra posee una estructura clásica en tres actos y con una curiosa relación de espacio tiempo. En el primer acto estamos en una habitación blanquísima y es mediodía. En el segundo acto, la habitación tiene las paredes blancas y ya es por la tarde y el último acto sucede de noche y las paredes son casi blancas. Vemos un simbolismo en la desaparición progresiva del blanco (pureza) en la obra y por otro lado, se nos engaña con el tiempo ya que todos acontecimientos sabemos que no se dan en un solo día. Además hablamos de un espacio visible: la casa – represión, frustración sexual, prohibición- y otro aludido: el exterior – utopía de de la libertad y desde donde llegan noticias de goce sexual, campo, alegría…
Los colores:

Hay una clara simbología en el cromatismo de la obra. Los colores predominantes son el blanco (pureza, castidad, inocencia y virginidad) y el negro (luto, muerte, tristeza, apatía y dolor). Las paredes de la casa son blancas, los trajes de los personajes son negros, las camisas y el ajuar que bordan blancos, la foto de Pepe el Romano, en blanco y negro…
Aparecen eso sí ciertos objetos caracterizados por su color: el vestido verde de Adela y su abanico de colores, única hija que se rebela contra la dictadura del blanco y el negro, y la corona de flores de Maria Josefa, la abuela, que gracias a su locura también hace pequeñas trasgresiones. Por último queda la sangre, que con su color rojo refleja la pasión, la ira y la agresividad.

Aquí algunas páginas muy completas sobre la obra:

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