La Guerra de sucesión española

Ya hablé en un artículo anterior sobre los Austrias en España, también conocidos como la “monarquía hispánica“. Y ahora me gustaría continuar con la historia para explicar cómo se acaba esta dinastía, y cómo le sucederá en el poder la dinastía Borbón, que permanece en nuestro país hasta la actualidad (con un paréntesis importante desde 1930 hasta 1975).

Todo comenzó cuando reinaba en España el último de los Austrias, Carlos II (1665-1700), un rey cuyas acciones más significativas fueron la pérdida de Portugal como territorio español y el hecho de no dejar descendencia. No es gran cosa, vamos. Eso sí, tuvo el detalle de morir con el cambio de siglo para que nos resultara más fácil recordarle y peridizar nuestra historia. Sarcasmo aparte, hizo testamento en el que dejó como legítimo heredero al Duque d’Anjou, de nombre Felipe y emparentado con los borbones franceses. La cosa no gustó en territorio nacional, ya que los nobles castellanos preveían que iba a implantar el modelo centralista francés – el absolutismo- y les iba a recortar poderes. Los catalanes y levantinos, en general y sin distinción de clases, tampoco lo vieron con buenos ojos y empezaron una revuelta a favor de otro candidato: el archiduque Carlos, emparentado con el trono austríaco. Así empieza un enfrentamiento nacional que cobra tinetes de guerra civil.

Sin embargo, las potencias europeas no se van a quedar al margen, y convirtieron el enfrentamiento nacional en una guerra internacional. Francia apoyó al Borbón, y Austria, al archiduque como era de esperar. Gran Bretaña, recelosa de que las monarquías española y francesa se uniesen en la misma dinastía apoyó al austríaco y Holanda le siguió los pasos. Todo marchaba sin cambios en una larga guerra con paridad de fuerzas hasta que en 1713 muere maximiliano de Austria y le deja el trono al susodicho archiduque Carlos. Aquí cambia el cuento, especialmente para los ingleses. Obviamente no les gustaba la idea de dos monarquías unidas por una dinastía (España y Francia), pero le gustaba mucho menos que un mismo monarca gobernara dos de los países más importantes del momento (España y el Imperio Alemán). De esta forma, donde dijo digo, dice Diego, y decide firmar la paz y estar del lado del francés, por legítimo y conveniente. Holanda de nuevo, ve la conveniencia de este armisticio y se une al acuerdo.

De esta forma se firma el tratado de Utrecht (1713) y el de Rastaad (1714) por los cuales, España pierde muchos de sus territorios europeos en favor del candidato austríaco y Gran Bretaña se lleva un pellizco para compensar sus disgustos. A partir de aquí, no queda nada del Imperio español en el que nunca se ponía el sol (excepto las colonias americanas que deberán esperar un siglo para independizarse).

Pero aún quedaba trabajo por hacer, en la nación aún había territorios que apaciguar, como Cataluña y Mallorca, que nos resistieron demasiado tiempo (hasta 1715). Como recompensa, Felipe d’Anjou, ya coronado como Felipe V de Borbón, firmó los “Decretos de Nueva planta“por los cuales quitaba a los levantinos los derechos de instituciones propias, la lengua catalana y otras prerrogaticas, en pro de la “unidad nacional”.

A partir de este momento, Felipe V y su sucesor Ferando VI van a implantar un sistema centralizado y absolutista a imitación del modelo francés en el gobierno de España. Sin embargo, este modelo no tendrá mucha perdurabilidad ya que  en la segunda mitad del siglo XVIII destacará otro borbón, Carlos III que aplicó en España las ideas ilustradas y llevó a cabo un reformismo borbónico que sustituyó al anterior régimen absolutista.