Cambiar la mirada

Todos/as los que nos dedicamos a la enseñanza deseamos convertirnos en ese profesor que los alumnos/as no pueden olvidar. Pero no todos lo conseguimos.

Conozco a uno de esos profesores que los alumnos/as seguro que no olvidan. Su práctica docente es pecualiar, porque su mirada hacia los alumnos/as es diferente. Parte de una premisa: confía en el alumno/a. Pero no sólo en uno, sino en todos y cada uno de ellos. Y no se rinde. No les deja suspender. ¡Ojo! Eso no quiere decir que les apruebe, sino que no deja tampoco que ellos se rindan. Por ejemplo, si un alumno entrega trabajo mal hecho. Se lo devuelve con nuevas  indicaciones para que lo repita, y así una y otra vez hasta que el alumno llega al nivel esperado. Me pareció algo tan sencillo y fácil de aplicar, que por obvio, no parece tan útil como realmente es.

Otra de sus prácticas habituales es pactar todo con los alumnos: desde las normas de la clase hasta el modo de evaluación. A principio de curso los alumnos/as deciden desde cómo se van a sentar hasta qué porcentaje de la nota representarán sus trabajos, y cuando llegan a un acuerdo lo manifiestan al profesor que acepta las sugerencias. Obviamente se establecen primero unas condiciones para que esas normas y sitemas sean aceptables. Pero funciona. El alumo acepta esa responsabilidad y por ser una realidad que él mismo ha propuesto se encuentra con más predisposición a cumplirla.

Pero lo más sorprendente de este profesor es que consigue que los alumnos/as den la clase sin él, incluso cuando no está, los alumnos/as siguen su ritmo. Me explico: la clase funciona mediante debates, que los alumnos/as preparan previamente en casa. Cada día hay un moderador que prepara una introducción al tema y que hará una conclusión final con lo que se recoja en clase. Él es quien más se lo debe preparar, pero los demás también deben hacerlo. De hecho la participación suele ser un porcentaje muy importante de la nota. De esa forma, cuando el profesor falla, los alumnos, siguen sin él. Más de un profesor ha entrado de guardia a esa clase y se ha quedado perplejo ante el hecho de que los alumnos/as empezaran la clase solos. Cualquiera de nosotros querría que eso sucediera porque el nivel de motivación que se refleja en los alumnos es admirable.

Yo no soy tan valiente. Aún no dejo a mis alumos/as que den la materia solos, pero sí he empezado a cambiar mi mirada ante ellos y ha funcionado. Tengo pruebas. Tras mi cambio de actitud hacia los alumnos/as ellos, han captado el mensaje, y en dos grupos que funcionaban bastante mal (con más del 50% de aprobados) han subido las notas de forma espectacular. Hablo de ochos, nueves y dieces, en alumnos en los que no cabía más que un tres. Porque han creído en ellos. Porque han visto que una persona confía en que lo pueden hacer y le han demostrado que es cierto. Con mucho mérito para salir del “cajón de las etiquetas(el gandul, la tonta, el charlatán, el golfo, el pesado, la cortita). Hace falta valor para quitarte de encima ese San Benito y demostrar que eres igual de capaz que el resto.

… y estoy encantada, pero

me gustaría hacer un lla mamamiento a la sociedad, aunque sé que mi poder de llegar a ella es limitado. Me gustaría que dejaran de decir que los jóvenes son unos delicuentes, egoístas, maleducados, etc. Por favor, no generalicen. Hay jóvenes estupendos: que participan en bandas de música, en grupos de teatro, que colabboran con asociaciones humanitarias (Cruz Roja, Cáritas, etc), que cuidan nuestros bosques y nuestro medioambiente, que quieren y cuidan a sus abuelos, etc.

¿Por qué los medios de comunicación tan sólo sacan a los que roban bolsos y pegan a sus padres?

Les estamos dando el espejo en el que mirarse y la imagen que devuelve es espantosa. Démosles una bonita imagen, un modelo realmente bueno para que puedan imitarlo y para que cambiando la concepción que el mundo tiene de ellos, ellos puedan cambiar el mundo.


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Don Juan Tenorio

Don Juan Tenorio es una de las obras cumbre de la literatura dramática española, que ha trascendido a la cultura popular como la figura de un ligón, un hombre que busca continuamente el amor de las mujeres sin importarle los medios que usa para ello. Muchas versiones se han hecho de esta obra, muchísimas. Pero la que ahora nos interesa es la que escribió don José Zorrilla, dramaturgo español del siglo XIX encuadrado en el movimiento romántico.

Este vallisoletano vivió entre 1817 y 1893 y fue muy prolífico en sus obras. De ellas podemos destacar las leyendas en verso de “A buen juez, mejor testigo” y el drama “El zapatero y el rey”. Fue coetáneo de otros dramaturgos como el duque de Rivas, Martínez de la Rosa o Juan Eugenio Hartzenburg.

En cuanto al que nos ocupa, Don Juan Tenorio, es un drama religioso-fantástico en dos partes. La obra se inspira en otra anterior de Tirso de Molina, llamada “El burlador de Sevilla y el convidado de piedra”, de 1630.

La obra está estructurada en dos partes:

La Primera Parte consta de cuatro actos, divididos en varias escenas, y transcurre en una sola noche:

Acto I, «Libertinaje y escándalo», con dieciséis escenas, se desarrolla principalmente en la hostería de Buttarelli.
Acto II, «Destreza», con doce escenas, se desarrolla principalmente en las calles frente a la casa de Doña Ana.
Acto III, «Profanación», con nueve escenas, se desarrolla principalmente en el convento.
Acto IV, «El Diablo a las puertas del Cielo», con once escenas, se desarrolla principalmente en la casa de Don Juan.

La Segunda Parte se divide en tres actos. Transcurre también en una sola noche, pero 5 años después de los sucesos de la primera parte:

Acto I, «La sombra de Doña Inés», con seis escenas, se desarrolla principalmente en un panteón y en el cementerio.
Acto II, «La estatua de Don Gonzalo», con cinco escenas, se desarrolla principalmente en la casa de Don Juan.
Acto III, «Misericordia de Dios, y Apoteosis del Amor», con cuatro escenas, incluyendo la última escena que sólo tiene un dialogo recitado por Don Juan en el cementerio con el que termina la obra.

El argumento es bien conocido, se trata de un joven don Luis de haberle ganado la apuesta que hicieron un año antes, por haber sido él quien más hombres ha matado y más mujeres ha conquistado. De esta manera, se embrabuconan y renuevan su apuesta, poniéndo en juego esta vez la mano de doña Inés, una novicia. Enterado el padre de ésta, don Gonzalo, hará lo posible para que este descarado no se salga con la suya, con tal mala suerte que muere en el intento en mano del propio don Juan. En la segunda parte de la obra, cinco años después, las imágenes de los muertos se le aparecen para amenazarle con el fuego eterno si no está arrepentido de todas sus fechorías.

En fin, una historia de pasiones y traiciones, muy entretenida y con la espectacularidad especial que dan siempre los difuntos en las historias de arrepentimiento. Recomendada.

PS: Os recuerdo que el 23 de abril es el día del libro y no está de más regalar a alguien un bonito ejemplar, o ¿por qué no? regalarse uno mismo.

La guerra de Independencia (1808-1814)

Los antecedentes de la Guerra de independencia debemos buscarlos en la política exterior de CARLOS IV (1788-1808) y los ministros que le aconsejaron. Godoy firma con Napoleón el Tratado de Fontainebleau (1807) por el autorizaba el establecimiento de tropas francesas en España para invadir Portugal. El descontento contra Godoy se cristalizó en la formación del partido fernandino, que planea la Conjura de El Escorial para echar del poder a Godoy y a Carlos IV. Cuando Godoy fue consciente de que las tropas francesas estaban realmente ocupando el país, trasladó a la familia real a Aranjuez. Estalló un motín popular (El Motín de Aranjuez, 1808) organizado por los fernandinos que precipita la caída de Godoy y obligó a Carlos IV a abdicar en su hijo. Sin embargo, Napoleón, en las Abdicaciones de Bayona (1808) les hizo declinar en su hermano José Bonaparte.


El levantamiento popular en Madrid el 2 de mayo de 1808 inició la Guerra de Independencia (1808-18014). En ella, los españoles logran algunos triunfos, como la Batalla de Bailén, por la que José I se retira a Vitoria, la Batalla de Arapiles, con victoria anglo-portuguesa que permite a los españoles pasar de la defensa al ataque y finalmente el Tratado de Valençay (1813), por el Napoleón, agotado por la guerra contra Rusia y la entrada de tropas inglesas en Francia, firma el armisticio.

Mientras se organizan Juntas Provinciales, en torno a la Junta Central Suprema, que se coordinaron y llegaron a convocar cortes. Las cortes de Cádiz se constituyeron en 1810 y emiten decretos que suprimen algunos aspectos del Antiguo Régimen y la Constitución de 1812, conocida como “La Pepa”.

Sus principales rasgos son: soberanía nacional, sufragio universal masculino indirecto (para mayores de 25 años), división de poderes – poder legislativo para Cortes unicamerales, poder ejecutivo para el Rey pero con muchas limitaciones, poder judicial para los tribunales-.

Introduce reformas liberales como: elecciones municipales (no designación de cargos), contribución única (reduce impuestos), reconocimiento de derechos individuales: a la educación, libertad de imprenta, inviolabilidad del domicilio, a la libertad y a la propiedad. El catolicismo es la única confesión religiosa permitida.

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