Emmanuel Joseph Sieyes. Protagonista desplazado.

Hay personajes, que por algún motivo, a pesar de tener un papel fundamental en la Historia, quedan desplazados y tapados por otros similares, compañeros o rivales. Hay casos paradigmáticos, como Marx y Engels, Bakunin y Proudhon, Espartero y O’Donell, etc. Pero este es un caso singular.

La Revolución Francesa, no destaca, en general, por sus protagonistas. El problema es que hubo demasiados “personajes fundamentales” para los pocos años que dura la revolución, así que quizá el más famoso, fue el jacobino Robespierre, responsable de la Fase de Terror (1794) de dicha revolución. Sin embargo, hubo muchos otros: Desmoulins, Marat, Danton, Sieyes, el propio Luis XVI -cuyo mayor logro para pasar a la Historia, fue precisamente pasar por la guillotina- Ducos y el mismo Napoleón – que intervino muy al final de la misma haciéndose con el poder y poniendo a Europa “patas arriba”.

Os dejo este esquema para que no os perdáis.

Pues bien, hoy quiero encargarme de Sieyes. ¿Por qué? Pues porque me gusta el discurso que lanza en los Estados Generales (reunión ciudadana, similar a una Asamblea) el 10 de junio de 1789 (año de tal trascendencia que marca el inicio de la Edad Contemporánea). Para empezar, os lo reproduzco, y luego profundizamos un poco en él.

“ El plan de este escrito es muy simple. Nos planteamos tres preguntas:
1º ¿ Qué es el Estado llano? Todo.
2º ¿ Que ha sido hasta el presente en el orden político? Nada.
3º ¿ Qué pide? Llegar a ser algo.
¿ Quién osaría decir que el estado llano no contiene en sí todo lo necesario para formar una nación completa? Es un hombre fuerte y robusto, que tiene aún un brazo encadenado. Si se hiciera desaparecer el orden privilegiado, la nación o sería menos, sino más. Y ¿qué es el Estado llano? Todo, pero un todo trabado y oprimido. ¿Y que sería sin el orden privilegiado? Todo, pero un todo libre y floreciente. Nada puede funcionar sin él, todo andaría infinitamente mejor sin los demás. No basta haber mostrado que los privilegiados, lejos de ser útiles a la nación, no pueden sino debilitarla y dañarla. Es menester probar aún, que el orden noble no entra en la organización social; que puede ser ciertamente una carga para la nación, pero que no sabría formar una parte de ella(…).
¿ Qué es una nación? Un cuerpo de asociados que viven bajo una ley común y representados por una misma legislatura.
¿No es evidente que la nobleza tiene privilegios, dispensas, incluso derechos separados de los del gran cuerpo de ciudadanos? Por esto mismo sale de la ley común y por ello sus derechos civiles lo constituyen en pueblo aparte de la gran nación.
Respecto a sus derechos políticos, también los ejerce separadamente. Tiene sus representantes que no están encargados en absoluto por procuración de los pueblos. El cuerpo de sus diputados se reúne aparte. Pero aún cuando se reunieran en una misma sala con los diputados de los simples ciudadanos, no es menos verdad que su representación es distinta por esencia y separada. Es ajena a la nación por principio, puesto que consiste en defender no el interés general; sino el particular.
El Estado llano abarca todo lo que pertenece a la nación y todo lo que no es el Estado llano, no puede contemplarse como representante de la nación.
¿Qué es el Estado llano? Todo.”
SIEYES, E. J.: ¿ Qué es el Estado llano?, 1789.

Ahora algunos datos biográficos para centrarnos en lo sorprendente del asunto. Nace en 1748 y muere en París en 1836, fue eclesiástico, además de político, ensayista y académico. Entra en juego en 1788 cuando Necker le llamó para que expresara su opinión en los Estados Generales con beneplácito del rey. Para esta ocasió escribió Consideraciones Sobre los medios de actuación de los cuales podrán disponer los representantes de Francia en 1789, (todo eso es un título, lo juro) y a continuación, el mismo año (1788) Ensayo sobre los Privilegios. Pero sin duda es más concoido por su panfleto ¿Qué es el tercer Estado?, arriba reproducido.

En 1792 formó parte de la Convención (gobierno de esta fase de la revolución radical), votando a favor de la muerte de Luis XVI. En 1794 le eligen miembro de la Junta de Salvación de la República y posteriormente otros cargos. Finalmente participa en el golpe de Estado de 18 de Brumario junto a Napoleón y es nombrado cónsul (junto al anterior y Ducós).

Ahora un poco del contexto de este texto. Francia andaba un poco alterada, por decirlo de forma suave. Los campesinos venga pagar impuestos, los nobles y clero, que no, que ellos no se “ocupan” de esos menesteres, el Estado venga intervenir en guerras contra los ingleses (ayudando a las colonias a independizarse, más por molestar que por convicción), y encima cosechas echadas a perder. Conclusión, el pueblo harto de soportar toda la presión fiscal, aguantar a vividores y pagar los excesos de la Corte, la burocracia y el ejército, dice “basta” y monta en cólera. Así se reunen los dichosos Estados Generales, en los que cada estamento (grupo social) tenía un voto: uno para nobles, otro para clero y otro para terce estado o pueblo llano. Esto, a poco que uno sepa sumar, da como resultado que los privilegiados siempre son mayoría en votaciones frente a los no-privilegiados, y que estos últimos, aún siendo más en número, se tienen que conformar con un sólo voto.

…ahí es donde interviene Sieyes.


Este señor explica lo anteriormente enunciado alegando que el Tecer Estado lo es todo y que por tanto, debe tener más peso (curioso, siendo clérigo). Ni corto ni perezoso, decide que se monta la fiesta por su parte y el Tercer estado se crea su propia asamblea, que el rey conforme están los ánimos, no tiene más remedio que aceptar como legítima. Nobles y clero, no tienen más remedio, si quieren participar en el poder político, que acatar las nuevas normas del juego y asistir también a dicha asmablea (aunque, como es lógico, al principio se negaron).

A partir de aquí ya se “montó el belén”: que si tomo la Bastilla, que si le corto la cabeza al rey, que si me pongo en contra a media Europa, que si ejecuto a todos aunque sean de mi mismo partido, etc. vamos, el desmadre. Finalmente, como es conocido por todos, vino Napoleón a poner un poco de orden, aunque luego le pusieron firme a él los de la Coalición antinapoleónica, pero eso… es otra historia.

Espero que perdonéis el estilo informal de este artículo, pero la Revolución Francesa es un tema ya de por sí lo suficientemente áspero, como para encima, echarle más leña al fuego (hoy va de refranes la cosa). De paso, aprovecho y os dejo la frase más célebre de Siéyes “Quieren ser libres, y no saben ser justos”, que no he conseguido encontrar cuándo diantres la dijo, pero he de suponer, que fue ya avanzada la revolución, cuando la cosa se salió de madre.

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5 pensamientos en “Emmanuel Joseph Sieyes. Protagonista desplazado.

  1. Me ha gustado la reflexión inicial (además del post en general) sobre los eternos secundarios de la Historia. Siempre me han llamado la atención esos secundarios “de lujo” sin los que “los grandes” rara vez lo hubieran sido tanto. Se están empezando a conocer desde los 90 a esos personajes con mayor fuerza, pongo de ejemplo el libro “LOS PERDEDORES DE LA HISTORIA DE ESPAÑA” de García Cortázar o “HISTORIA DE LAS MUJERES” de Duby y Perrot en varios tomos.

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