Día de acción de gracias

La fiesta por excelencia en Estados Unidos es el llamado Thanksgiving Day o Día de Acción de Gracias que, desde 1789, se celebra el cuarto jueves de noviembre (hoy).Con la excusa, el viernes hacen puente, que sumado al sábado y al domingo, son cuatro días perfectos para ver a la familia. El caso es que como en EE. UU. las distancias son tan extensas, es la fecha del año en la que más desplazamientos se producen.

Encontramos los orígenes de la tradición en la época colonial, en el contexto de los conflictos religiosos conInglaterra. En este caso, estaban enfrentados los puritanos con la Iglesia de Inglaterra (ya separada de la catlica desde Enrique VIII) ya que, para ellos, las reformas no eran suficientes y se parecía demasiado a la iglesia romana. La monarquía apoyó a la Iglesia ( pues eran los jefes de la misma) y los puritanos más exaltados, los llamados separatistas (pilgrins o peregrinos), se vieron forzados a exiliarse. Lo intentaron en los Países Bajos, pero al fracasar en su intento (en esta época estaban en disputas religiosas entre sí y con los españoles), pusieron sus miras en el teritorio de ultramar. No hacía mucho que las potencias europeas de habían delimitado los ámbitos de actuación en el Nuevo Mundo. España y Portugal se quedaron en el sur y franceses e ingleses, exploraron la zona del norte hasta Florida. Allí, al instaurar un nuevo sistema, respirarían un ambiente de libertad religiosa.

El 16 de septiembre de 1620 se embarcaron en el el puerto de Plymouth (Inglaterra), en un barco llamado Mayflower, 101 puritanos. En noviembre, el Mayflower llegó a la punta del cabo Cod y acabaron desembarcando un més más tarde en una pequeña ensenada bautizada casualmente por anteriores exploradores con el nombre del puerto inglés del que ellos habían partido, Plymouth, en lo que más tarde sería el estado de Massachusetts.

Al desembarcar, nombraron gobernador, pero el hambre y las enfermedades acabaron pronto con él y con la mitad de sus compañeros, por lo que nombraron uno nuevo: William Bradford. Mantuvieron relaciones cordiales con los indios de la zona. Estos les brindaron su ayuda (aunque de haber sabido lo que se les echaba encima, probablemente no lo hubieran hecho). Gracias a los indios, al año siguiente la colonia obtuvo el fruto de su primera plantación de maiz, lo cual les hizo acabar con el hambre.

En el otoño de aquel 1621, Bradford instituyó “un día de dar gracias al Señor para que podamos de una manera más especial regocijarnos después de haber recogido el fruto de nuestro trabajo”. Se preparó una gran comida, a la cual se invitó como agradecimiento a los indios de la zona.

Al principio el alcance de la celebración fue sólo regional, y de hecho, no se celebraba con regularidad. La unificación de los que entonces eran las Trece Colonias en lo que hoy conocemos como los Estados Unidos de América en 1789, fue lo que hizo que George W. Washington, primer presidente del nuevo estado, decidiera instaurarla como fiesta nacional.

Desde entoces, no hay cole yanqui que se precie que se resista a vestir de pavo a algún alumno para su función de teatro.

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Nuevas generaciones: anarquía lingüística

Estoy conmovida.

Creí que no era cierto. No era verdad que los jóvenes escribiesen tan mal como aseguraban nuestros mayores. Pues sí. Sí, señores, no ha duda. No saben escribir.

Quiero especificar que mi caso es algo particular, ya que se trata de un Programa de Garantía Social; es decir, ese curso en el que se le intenta enseñar un oficio a los jóvenes mayores de 16 años que no tienen siquiera el CERTIFICADO ( que se obtiene con la asitencia obligatoria) de la ESO. Aclarado esto, confirmo desde mi experiencia docente: NO SABEN ESCRIBIR.

Empecemos por el peliagudo asunto de las faltas ortográficas, que las tienen como camiones. Un alumno en un texto de tres líneas ha sido capaz de escribir “mobil”, “dibersión” “in cluso”, “in necesarias”, “la internet” y pasarse por el arco de triunfo todas las comas de una enumeración de, al menos, cinco elementos. Repito: en tres líneas.

Otra, ha decidido escribir “k” en lugar de “que” sabiendo que era una redacción para entregar a la que pondría nota y valorararía la corrección ortográfica. Pues bien, ha puesto la susodicha consonante un total de seis veces, en un texto poco más que telegráfico, que reproduzco literalmente, ojo a la ausencia de acentos:

“Cuales son mis preferidos: internet. Por k: es mas comodo”

El resto repiten errores más comunes pero no por ello menos escandalosos: “tanbien” (también), “alla” (haya), “i” (y), “aver” (haber), “asta” (hasta).

El apartado de la coherencia gramatical es espeluznante. No existe la concordancia de número y género, los tiempos verbales cambian a su antojo, nada de nexos ni conectores, las mayúsculas no se usan…

En fin, creo que estos muchachos representan a otros muchos (no a todos, pero sí a un amplio porcentaje) y me preocupa seriamente la anarquía lingüística (me ha gustado esta expresión, no diréis que no es enfática) a la que esos adolescentes van a conducir una de las lenguas más imoprtantes de la Literattura Universal. Les veo pisotendo y meando encima (si se me permite la metáfora) de Cervantes y su Quijote, Lorca y su teatro, Cela, Delibes, GarcíaMárquez, Reverte y otros tantos que la han enriquecido para quedarse ahora en el olvido.

Podemos buscar culpables: ellos, sus familias (desestructuradas y en situaciones muy conflictivas, ya os adelanto), la educación y sus profesores, la sociedad .. hay muchos factores, pero lo que sí es cierto es que Internet, medio que amo por su versatilidad y polivalencia, en este caso queda reducido a la mala escritura del messenger y algunos vídeos en Youtube, agranda sus defectos.

Estos jóvenes desconocen cómo buscar información útil en la web (ellos, tan modernos) y sólo ven aquellas páginas que no requieren de un mínimo esfuerzo por su parte.

Algunos me han dicho: “Profe, a mí me gustaría leer más y eso… pero es que me aburro.” Yo sinceramente, pienso que no entienden lo que leen (es otro idoma al que ellos usan) y por ello se frustran.