¿Es la oposición un buen sistema?
Junio 8, 2008 en 10:00 pm (Educación)
Tags: Educación, funcionarios, oposiciones, sistema selectivo
LLevo ya varios años en el mundo de las oposiciones (y los que me quedan) y siempre me repito esta pregunta:
¿Realmente una oposición (sea en el mundo educativo o administrativo o calquier otro) es un buen sitema de selección?

Nunca he tenido clara la respuesta. Está claro que este sistema tiene lagunas. Entre ellas, que no siempre llegan los mejores, sino los más persistentes. O que, ciertos años en ciertas materias, por exceso de plazas, gente que no llega al cinco empieza a cubrir vacantes acumulando puntos para otros años, y cualquiera que sea capaz de sacar un cinco tiene plaza de por vida, mientras que en otras, hay gente sacando ochos y nueves durante años, y ni siquiera consigue hacer una sustitución.
Los exámenes son abusivos, las programaciones absurdas (porque luego todo el muno usa las del libro de texto que compra). Aunque a mí personalmente. me gustaría que estos desaparecieran para obligar al profesor a formarse su propio temario a medida de las ciscunstancias de docencia. Y la prueba práctica, no quiero ni nombrarla.
Mercado aparte es el de los méritos. Cualquier cursillo de 30 horas (de esos en los que te dedicas a dormir en una butaca del fondo hasta que pase el suplicio) vale más que los cursos de Doctorado o el grado medio de la Escuela de Idiomas (porque ninguno de estos vale NADA). Tampoco un curso organizado por el Departamento de la Universidad sirve, ya que debe estar organizado desde el órgano central. Sin embargo un cursillo de autoformación de office a nivel usuario (de esos que te enseñana a abrir carpetas) organizado por el ayuntamiento, puede valeer todo lo que tú quieras (porque cuanto más tardes en hacerlo, más puntos puedes sacar).
El problema es que cuando llego a este punto de indignación me digo: “Vale, ¿y tú cómo lo harías?“
Y me quedo en blanco, pues no hay un modo objetivo (ue a mí se me ocurra al menos) de otorgar plaza a los docentes y si fuera como el mundo laboral, caeríamos en el enchufe y el amiguismo a costa del Estado. Y eso está muy feo.

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